Las cuatro ciudades finalistas a la capitalidad cultural europea defienden en Aranjuez la cultura como un proceso transformador y de unidad
1 de julio de 2026
La segunda y última jornada del III Curso de Verano de la Universidad Rey Juan Carlos, organizado en colaboración con la Fundación Miguel Ríos y APDI Group, ha concluido hoy en Aranjuez bajo el lema general «La cultura como fuerza de transformación social». El gran foco de atención de este cierre ha sido la inédita mesa redonda que ha logrado sentar juntos a los representantes de las cuatro ciudades españolas finalistas a la Capitalidad Cultural Europea 2031. En un ambiente de absoluto consenso, los ponentes han coincidido en que este sello no se trata de un simple premio, sino de una oportunidad histórica para fortalecer el contexto cultural, impulsar el desarrollo social y económico de cada territorio, y proyectar al mundo su identidad propia y su talento. De hecho, se ha puesto sobre la mesa la propuesta compartida de que la ciudad que resulte ganadora incorpore de manera activa las aportaciones y proyectos de las otras tres candidaturas.
Durante el debate, Iris Jugo Núñez, en representación de la candidatura de Cáceres, ha destacado que para su ciudad el proceso está siendo el exponente de una unidad total en torno a la cultura, algo nada habitual en los entornos urbanos. Ha defendido la necesidad de favorecer el acceso a la cultura desde la edad más temprana y normalizar esta inversión como un proyecto a muy largo plazo frente a la inmediatez que suele marcar la política actual. Asimismo, ha recordado que existen muchos casos de ciudades ganadoras que a la postre fueron perdedoras y ciudades que quedaron segundas, pero acabaron ganando en impacto real, advirtiendo que muchos artistas quedan defraudados por la capitalidad si se reduce a un evento, ya que debe concebirse como una filosofía de vida y una manera de estar en el mundo. En este sentido, ha puesto en valor que la oficina de la capitalidad ya constituye un legado que permanecerá en el tiempo, independientemente de hasta dónde se llegue. Por su parte, José Luis Pérez Pont, desde la candidatura de Las Palmas de Gran Canaria, ha incidido en que el verdadero reto radica en fortalecer el modelo de gestión pública de la cultura para consolidar este contexto.
Pérez Pont ha sumado la propuesta de su ciudad a lo que define como la rebelión de la geografía para romper definitivamente con el concepto de periferia, cuestionando quién decide qué es el centro y qué el margen, ya que desde su perspectiva el verdadero centro es la cultura, un espacio donde su territorio acredita 548 años de multiculturalidad.
A su vez, desde la candidatura de Oviedo, Pepe Mompeán ha manifestado que la amabilidad es una forma de estar en el mundo, subrayando con firmeza que los barrios no pueden ser meros espectadores y que los vecinos tienen que ser los protagonistas fundamentales de toda la estrategia. Respecto al futuro de las propuestas urbanas, Mompeán ha planteado una visión tan pragmática como esperanzadora al asegurar que, si se ha trabajado bien, el verdadero plan B consiste en asumir que lo que se ha proyectado pueda necesitar más tiempo para ejecutarse que si se hubiera ganado, pero con la garantía absoluta de que se ejecute igualmente.
En esta misma línea de impacto estructural, Pilar Aranda, en representación de la candidatura de Granada, ha señalado que el gran desafío consiste en saber cómo conseguir que este sello transforme verdaderamente la ciudad, situando el objetivo prioritario en articular el valor de transformación social que posee el conocimiento.
Esta visión conjunta refuerza el planteamiento compartido de llevar la cultura mucho más presente al día a día de la ciudadanía, consolidándola en la vida cotidiana y generando un impacto colectivo real. Los representantes han coincidido unánimemente en que no sirve una cultura diseñada desde arriba con el único fin de enganchar a la gente para que se sienta integrada, sino que debe nacer de la base social y de los propios barrios. Entre los ejes estratégicos compartidos se ha priorizado la importancia de construir mentes críticas que utilicen el amor como motor de cambio del mundo, la descentralización para romper barreras territoriales y el trabajo activo para incorporar a la juventud en la asimilación de los valores de una Europa unida en la diversidad. Ante este escenario, el foro ha remarcado que la bandera de la Unión Europea debe ser un símbolo de seguridad, transformando la sesión de hoy en un sincero ejercicio de hermandad y compañía entre profesionales y compañeros que persiguen un mismo fin.
La jornada ha concluido con una declaración de absoluta unanimidad entre las candidaturas finalistas respecto al verdadero propósito de sus esfuerzos institucionales y ciudadanos, plasmada en la conclusión compartida de que esto no va de ganar, sino de procesos transformadores.